Dioses y monstruos
Argentina, año 2040. Pocas manos producen soluciones, pocas personas acceden a ellas.

Es un lugar hermoso. La vegetación fue biomodificada para amortiguar el calor y la humedad. Los perímetros están diseñados para proteger del viento y filtrar toxinas. Y las torretas con ametralladoras… bueno, esas las agregaron después, cuando ocurrió la famosa revuelta popular conocida como “La noche de la horda”. Desde entonces, forman parte de los planos de todos los countries.

Del lado de adentro: el secreto está en formar comunidades lo suficientemente grandes como para evitar la endogamia. Resuelto eso, la vida luce como un oasis y las personas han ganado los atributos de los dioses: mascotas biomodificadas, zoológicos de diseño, erradicación de enfermedades como cáncer y diabetes. Y, por supuesto, un clásico que hace quince años no envejece: la posibilidad de degustar un bife de carne cultivada de tu celebridad favorita.

Del lado de afuera: el futuro se parece bastante al pasado. Lo único que parece derramar desde los centros privilegiados es cierta cantidad de basura tecnológica y una provisión de productos farmacéuticos que los sectores vulnerables, hacinados y más expuestos a la crisis climática, necesitan y seguirán pagando. Aumentan la producción de remedios caseros y la oferta de soluciones mágicas. La crisis climática arrecia. Sequías, inundaciones y hambrunas… comerse a los ricos cada vez parece mejor idea.

Queda un único lugar donde las paredes son invisibles: internet. Sin embargo, es un espacio normativo, donde las personas más populares se arrogan la potestad de señalar cuál es el estilo de vida correcto. Todo está a una intervención genética de distancia, lo difícil es elegir. Quizás por eso los ricos han delegado esa responsabilidad en los influencers. El último mandato vigente: sólo 3% de grasa corporal. Las modas deben ser tiranas, y el único pecado verdadero es la pobreza.

Cambiar el mundo es difícil, pero crear zonas de exclusión ha demostrado ser un desafío más accesible. Hasta el cambio climático se vuelve soportable si se acepta la desigualdad como precio. Donde viven los dioses, no prosperan los monstruos.